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Las paradojas del agua en un año de sequía

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
El agua que derrocha la agricultura de regadío en España bastaría para abastecer a sus cuarenta millones de habitantes durante un año. Así lo afirma WWF/Adena tras analizar detenidamente el destino de nuestros recursos hídricos en estos tiempos marcados por la sequía. Incluso desglosa sus cuentas por sectores: los excedentes agrícolas consumen la misma cantidad de agua que 16 millones de personas, el riego innecesario del olivar se bebe el agua de otros 10 millones y, por último, la falta de ahorro en la modernización de los regadíos representa, contradictoriamente, el agua de los 14 millones restantes. Un escándalo.

No deja de ser chocante que el agua que podrían consumir 16 millones de habitantes se destine a una producción que no tiene cabida en el mercado. Según WWF/Adena, solamente cuatro cultivos –maíz, algodón, arroz y alfalfa– malgastan 1.000 hectómetros cúbicos al año en excedentes agrícolas. De hecho, la producción española de estos cuatro cultivos supera ampliamente la cuota establecida por la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea.

Otros 621 hectómetros cúbicos de agua, que bastarían para garantizar el suministro a 10 millones de contribuyentes, se destinan cada año a regar de forma innecesaria los olivares de la cuenca del Guadalquivir, un cultivo tradicional de secano. Ahora bien, los olivareros los riegan para tener acceso a las subvenciones que concede el Ministerio de Agricultura como prima al aumento de la producción.

Tanto España como la Unión Europea subvencionan también la modernización de los regadíos, cuyo fin es ahorrar un 30% de agua. Sin embargo, cada día aumenta la superficie regada y se tiende a implantar cultivos que demandan una mayor cantidad de agua. El balance final es que la actual política de regadíos no ahorra ni un solo litro de agua. He aquí los 844 hectómetros cúbicos que podrían abastecer a los 14 millones restantes.

No hace falta ser un experto en finanzas para darse cuenta del despilfarro que supone mantener de forma artificial un sector económicamente ruinoso y socialmente minoritario. Si a estos gastos se añade el coste, también ambiental, de construir embalses y las subsiguientes obras secundarias de canalización y distribución, el resultado es sencillamente inadmisible. Los datos son aplastantes: invertimos el 80% de los recursos hídricos de este país, con sus correspondientes consecuencias ambientales, en satisfacer las demandas de la agricultura de regadío, un sector que sobrevive gracias a las subvenciones y que genera excedentes. Es difícil hacerlo peor.

Pero puede intentarse. WWF/Adena ha averiguado también que en España hay actualmente 276 campos de golf y otros 150 están en proyecto. Para mantenerse, cada uno de estos campos de golf necesita el agua equivalente al consumo anual de 15.000 personas. A efectos prácticos, un campo de golf viene a ser como un cultivo de regadío y, dada la afición a dicho deporte en nuestro país, este también parece un sector claramente destinado a la producción de excedentes.

El mensaje de WWF/Adena es clamoroso y Quercus lo hace suyo: urge revisar el Plan Nacional de Regadíos y corregir la política de subvenciones agrarias para, en todo caso, favorecer a los cultivos de secano.

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