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Linces manchegos

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
La buena noticia ha superado los circuitos especializados para saltar con grandes titulares a los medios de comunicación generalistas: parece haber una tercera población viable de lince ibérico en España, descubierta recientemente en el sureste de Castilla-La Mancha. De momento se han identificado 14 ejemplares, incluidos varios cachorros, y 45 rastros (pelo y excrementos) cuyo análisis genético ha permitido atribuirlos sin duda a esta especie, lo que invita a pensar en un grupo bien estructurado y que se reproduce con normalidad. Aparte de arrojar un nuevo rayo de esperanza sobre el futuro del que pasa por ser el felino más amenazado del planeta, este tercer núcleo lincero devuelve el carácter ibérico a un animal que había quedado recluido al ámbito andaluz, concretamente a Doñana y a Sierra Morena oriental. Es una suerte que tengamos más linces, pero han logrado sobrevivir en el anonimato, sin el respaldo de un plan de recuperación aprobado hace cuatro años y que en la práctica los había dado por extinguidos. A raíz del hallazgo, sin embargo, se ha revitalizado como por arte de magia y el propio presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, se ha apresurado a anunciar la creación de un centro de cría en cautividad en el Parque Nacional de Cabañeros (Ciudad Real). Bienvenido sea, habida cuenta de que la estrategia nacional para el lince ibérico tiene previsto poner en marcha otras instalaciones de este tipo. Pero, como bien ha precisado Miguel Ángel Hernández, miembro de Ecologistas en Acción-Toledo, “de nada sirve criar linces si no se es capaz de conservar los que ya existen en libertad”. Así que emplaza al Gobierno autónomo a dedicar los medios necesarios para ampliar los censos de la especie, gestionar de forma adecuada las zonas que habita, reforzar la vigilancia, apoyar a los propietarios de fincas dispuestos a colaborar y, sobre todo, revisar una serie de proyectos que son incompatibles con el futuro del lince, como las proyectadas autovías Toledo-Córdoba, Albacete-Jaén y Mérida-Puertollano. “El lince no necesita más jaulas” –añade Miguel Ángel Hernández– “sino más campo”. En resumen, además de un nuevo centro de cría en cautividad, garantía de la salvaguarda genética de la especie, el lince necesita sobre todo disponer de un hábitat adecuado y medidas políticas que favorezcan la recuperación de sus poblaciones naturales. WWF/Adena, por su parte, ha puesto de manifiesto otros dos factores decisivos dentro de esta estrategia, la urgente aprobación del Plan general para la gestión y conservación del conejo de monte en Castilla-La Mancha, “un documento pionero en España y fundamental para garantizar la supervivencia no sólo del lince, sino también de otras especies amenazadas como el águila imperial”, e incluir en la red Natura 2000 zonas estratégicas que permitan establecer un corredor entre Sierra Morena y los Montes de Toledo. El plan de gestión del conejo se encuentra actualmente sometido a información pública, así que es el momento oportuno de aportar mejoras. En cuanto al corredor, a nadie se le escapa que será vital para la recuperación futura de la especie y su área de distribución potencial. La Junta de Castilla-La Mancha tiene ante sí todo un desafío, pero es de suponer que muchos gestores de otras comunidades autónomas se darían por muy satisfechos si tuvieran que enfrentarse a un reto tan esperanzador y apasionante.

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