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25 años de Greenpeace en España

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
El desembarco de Greenpeace en España fue algo sonado. Por fin, aquellos valerosos guerreros del arco iris que veíamos en la televisión iban a tener sede en nuestro país. Por un lado, todo el mundo confiaba en la eficacia de sus campañas internacionales y en los espectaculares golpes de mano ejecutados por sus comandos. Pero, por otro, también se sentía cierta prevención por su arrollador efecto en un movimiento ecologista que aún se estaba estructurando y definiendo. Greenpeace era global, mientras que las organizaciones españolas eran básicamente locales. Greenpeace se regía por una estricta jerarquía en la toma de decisiones, mientras que nuestros militantes, herederos de la transición política, seguían un modelo más asambleario. Las grandes cifras de Greenpeace contrastaban con unos presupuestos de andar por casa. Y, finalmente, Greenpeace contaba con el respaldo de miles de personas en todo el mundo, cuando aquí el fichero de socios aún podía gestionarse sin programas informáticos. ¿Otro bienvenido míster Marshall?
De ningún modo. Para empezar, los inicios de Greenpeace fueron modestos. Una oficina en Madrid y una pequeña estructura de diez personas, entre trabajadores y voluntarios. Además, pronto vieron que era imprescindible implicarse en los problemas de conservación internos, sin dejar por ello de lado los objetivos que venían fijados desde la casa matriz en Ámsterdam. Terminaron sólidamente integrados en el movimiento ecologista español e hicieron notables aportaciones, por ejemplo, al Comité Asesor de Medio Ambiente, donde no se debatía precisamente sobre ballenas y residuos nucleares, sino sobre carreteras, pantanos y monocultivos forestales. Hoy en día, es una de las cinco grandes organizaciones ambientales españolas, junto con WWF, SEO/BirdLife, Ecologistas en Acción y Amigos de la Tierra.

Las cifras avalan su trayectoria. Greenpeace España cuenta en la actualidad con más de 100.000 socios, recibe el apoyo de 400 voluntarios y grupos de voluntarios, distribuidos por 23 provincias, y en 1993 abrió una segunda sede en Barcelona. Vino a sumar, no a restar. Y nadie ha igualado su éxito en cuanto a tirón mediático y simpatía por una causa sin que fuera imprescindible la implicación personal.

Ahora que se celebra el 25 aniversario de la llegada de Greenpeace a España, han querido conmemorarlo con la concesión de un premio muy especial al que han dado el nombre de Artemio Precioso, uno de sus principales avalistas en 1984 y presidente honorífico de la organización hasta su fallecimiento en 2007. El ganador de esta primera edición ha sido el escritor y periodista gallego Manuel Rivas, que de esta manera ve reconocida su trayectoria personal y profesional en defensa del medio ambiente.

Felicidades, pues, a Greenpeace España por esos 25 años de compromiso, solidaridad e independencia. Parece que fue ayer.

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