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300 Quercus

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
300 Quercus
Poco a poco, la revista Quercus ha ido sumando números publicados hasta alcanzar la cifra de 300 en este mes de febrero. No será el único número redondo del año 2011, pues en diciembre cumplirá nada menos que 30 años. Muchos treses y muchos ceros; en definitiva, mucho tiempo, y una larga trayectoria marcada por el compromiso, el rigor, la entrega y un peculiar estoicismo presupuestario.

Desde sus inicios, Quercus ha contado con la base inestimable de sus suscriptores y lectores, que han sintonizado con esos objetivos de alta divulgación, decidida denuncia y orgullosa austeridad. Muchos de sus colaboradores declinan percibir remuneración alguna por su trabajo y los demás aceptan tarifas por debajo del mercado. Esta ha sido, sin lugar a dudas, una de las razones de la solidez de la revista, incluso en tiempos de penuria económica como los actuales. También el respaldo empresarial de la Editorial América Ibérica, cuyos directivos han comprendido desde siempre la idiosincrasia de esta revista, ha contribuido a reforzarla en los últimos doce años. Así pues, llegamos a los 300 ejemplares y a los 30 años gracias a una complicidad compartida por fundadores, actuales propietarios, colaboradores, equipo de redacción, publicistas, lectores, suscriptores y, por supuesto, anunciantes. Los anunciantes, pocos y selectos, también han sabido valorar la importancia de un soporte minoritario, pero muy atinado y preciso en el destino final de sus mensajes. Por todo ello, Quercus goza desde sus inicios de una mala salud de hierro. Una salud, como su propio nombre indica, de roble.

Pero, ¿por qué hemos dedicado el número 300 a las investigaciones polares? La respuesta quizá esté resumida en unas palabras del geólogo Jerónimo López en las páginas 80-81 de esta misma revista: “Los registros instrumentales han puesto de manifiesto que las áreas del planeta en las que más ha subido la temperatura en los últimos años se encuentran dentro de las regiones polares. Se trata, en concreto, de un sector del Ártico canadiense y Alaska, de una parte de Siberia y de la península Antártica.” En otras palabras, dos de las regiones más grandes y aisladas del mundo, que probablemente sean además las mejor conservadas, pueden cambiar de forma radical en un plazo de tiempo muy corto, quizá en el transcurso de este siglo. En cómputos globales, un ritmo que puede considerarse vertiginoso. La causa última del problema vuelve a ser, una vez más, la desaforada ambición del género humano, más interesado en acaparar que en compartir. Y, sin esa solidaridad global, la misma que a otra escala hace posible la existencia de Quercus, el futuro será más negro que blanco.



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