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Un Quercus ramificado para el siglo XXI

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Aquella bellota que empezó a germinar en diciembre de 1981 se ha convertido en un robusto Quercus de treinta años. Si un árbol no se considera arraigado hasta su tercera savia, casi podría decirse lo mismo de una revista. Pero, mientras treinta años son muchos para el papel, apenas significan un airoso porte juvenil para las longevas quercíneas. El caso es que, bajo la sombra protectora de nuestros árboles más genuinos, el Quercus de los quioscos ha alcanzado tres décadas de existencia editorial. ¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Podemos seguir la senda paciente y austera de los Quercus vegetales, como hasta ahora; o podemos, sin renunciar a nuestras raíces, subirnos al carro de las nuevas plataformas de comunicación social. Ya lo hicimos en su día, con aquella pionera BBS de RedQuercus, y también lo hemos hecho ahora con la participación de América Ibérica, nuestra empresa editora, en Kiosko y Más, el nuevo soporte multimedia en el que acabamos de ingresar: quercus.kioskoymas.com
Con la ventaja que da la perspectiva temporal, ahora sabemos que hace veinte años Internet era sólo un borroso desafío y hace diez nadie intuía la actual pujanza de las redes sociales. Sin embargo, contamos con una activa página web (www.quercus.es) que es un complemento informativo a la revista de papel, tenemos más de 6.000 amigos en Facebook (www.facebook.com/revistaquercus), tan sólo dos años después de ponerlo en marcha, y son ya un millar quienes nos siguen en Twitter (www.twitter.com/RevistaQuercus) tras pocos meses de incorporarnos a esta red.

Debe haber pocas revistas con tanto y tan fructífero intercambio entre sus lectores. Las direcciones de contacto, ya sean postales o electrónicas, favorecen una revista de cauces paralelos que a veces se refleja también en las páginas de la versión impresa. Ese tipo de intercambio de mensajes se ha agilizado muchísimo con la llegada de las redes sociales y lo verdaderamente importante es que sigan alentando el vigor de Quercus, sea cual sea su apariencia externa.

Algo parecido pasa al mirar hacia delante, al futuro. Hasta ayer no había eBooks, iPads ni Notebooks, de manera que cualquiera sabe lo que tendremos dentro de cinco años. Lo que sí parece seguro es que, sea lo que sea, se apoyará en una tecnología digital capaz de cuestionar la necesidad de recurrir al papel como soporte físico, que ha sido la norma en los últimos quinientos años. Las mismas dudas asaltan al resto de los negocios editoriales, ya se trate de libros o de publicaciones periódicas, y es posible que la renovación sea tan rápida que no haya un modelo concreto al que ajustarse. Más vale participar en todos, por si acaso, y esa será la estrategia a seguir por Quercus.

De cualquier modo, en contra de MacLuhan y otros teóricos de la comunicación, sostenemos que lo importante siguen siendo las informaciones, los contenidos, los conocimientos, y no tanto el soporte utilizado para difundirlos. Pero ni siquiera nos conformamos con eso y, dado nuestro aire quijotesco, seguiremos aportando bases teóricas para la conservación de la biodiversidad. Como bien decía uno de nuestros colaboradores, Joan Mayol, hay abundantes estudios sobre la pardela balear, pero ahora sus conclusiones tienen que transformarse en biomasa de pardela. De nada sirven encerrados en un cajón y lo mismo pasa con las revistas. Estos treinta años habrían sido baldíos si no hubiéramos actuado como acicate, alterado decisiones, impulsado medidas, sacudido conciencias y denunciado agravios. Y en eso seguiremos mientras lectores y suscriptores, que son nuestro verdadero sustrato, nos sigan dando su confianza.
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