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La pacífica reconquista del quebrantahuesos

lunes 29 de junio de 2015, 10:39h

Andalucía vuelve a copar muchas páginas en este número de Quercus. Sobre todo, las que hemos dedicado al programa de reintroducción del quebrantahuesos en las sierras de Cazorla (Jaén) y El Castril (Granada), que ha culminado con el nacimiento del primer pollo en libertad en esta misma temporada de cría. Todo un éxito.

El quebrantahuesos estuvo distribuido antaño por los principales sistemas montañosos del país. Pero, tras la desaparición del último ejemplar que volaba precisamente en Cazorla a finales de los años ochenta, la población española quedó reducida a los Pirineos. Desde entonces se han planteado muchas iniciativas para devolver sus antiguos feudos a esta grandiosa especie de nuestra fauna. Ahora, por fin, parece que se han dado los primeros pasos.

Tras varios años de liberar quebrantahuesos en Andalucía, el nacimiento del primer pollo es una noticia que nos llena de esperanza. Los detalles pueden encontrarse unas páginas más adelante, pero el hecho sólo puede considerarse como algo histórico. Ha sido un largo proceso, con estudios previos muy minuciosos y el respaldo científico de una entidad con tanto prestigio como la Estación Biológica de Doñana. Aunque, desde luego, no fue un camino libre de obstáculos. Los envenenamientos en la sierra de El Castril obligaron a detener las reintroducciones en el año 2011, pues no tenía sentido enviar al matadero unos ejemplares obtenidos con enorme trabajo y dedicación. Demasiado valiosos. Pero aquellos mártires que sucumbieron a la plaga del veneno sirvieron para reforzar la lucha contra este mal endémico del campo español, algo que no se habría hecho sin el programa de reintroducción del quebrantahuesos. Lo mismo le está pasando al alimoche en Andalucía occidental, un problema del que también nos hacemos eco en este número de Quercus.

Así pues, las reintroducciones tienen una doble ventaja. Una directa, que es el fin perseguido de recuperar a una especie valiosa, y otra indirecta que consiste en mejorar las condiciones ambientales, no sólo para ella, sino para un sinfín de animales y plantas que comparten su hábitat. En este sentido, el quebrantahuesos sería un ejemplo de libro de lo que ha dado en llamarse una “especie paraguas”, pues los esfuerzos que se hacen en su defensa cubren también a otras muchas.

Justo es reconocer que no todas las reintroducciones se han ejecutado con las debidas garantías. Como en cualquier actividad humana, las hay mejores y peores, aunque todas se han guiado por un fin noble. Lo hemos visto incluso con las ayudas que reciben poblaciones humanas en crisis, pues no siempre se acierta con la mejor solución. Por eso es importante que estos programas cuenten con una sólida base científica, presupuestos adecuados y apoyo social en las zonas donde se ejecuten. Ya es difícil conseguir resultados positivos con todos estos factores a favor, así que tenerlos en contra es un riesgo difícil de aceptar. También hace falta tiempo y paciencia, pues los ritmos de la conservación obligan a pensar y a actuar en el largo plazo.

Más aún en el caso del quebrantahuesos, que es una especie longeva y que tarda años en alcanzar la madurez sexual. Aunque, como también se refleja en este número de Quercus, la población andaluza sea bastante más precoz que la pirenaica. ¿Quizá como respuesta a la muy diferente estructura de ambas poblaciones? Saturada y remolona en los Pirineos, pero incipiente y presurosa en Cazorla.

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