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Venta clandestina de carne de selva en los mercados occidentales

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
En Norteamérica y Europa se vende clandestinamente un importante volumen de carne de selva, según un reciente estudio coordinado por Justin Brashares, de la Universidad de California (Berkeley, Estados Unidos). Sus conclusiones fueron presentadas en la reunión anual de la prestigiosa Society for Conservation Biology, que tuvo lugar del 24 al 29 de junio en la localidad californiana de San José.

Brashares lleva casi una década investigando sobre el comercio y consumo de carne procedente de fauna cazada en África, una actividad a menudo ilegal y que llega a afectar a grandes primates tan emblemáticos y amenazados como chimpancés y gorilas. Hace dos años inició un proyecto basado en una activa red de informantes, integrada por inmigrantes africanos, que desplegó en siete grandes ciudades occidentales: Nueva York, Chicago, Toronto, Montreal, Londres, París y Bruselas.

Tras veinte meses de investigación, esta red de colaboradores ha comprobado como en comercios de esas ciudades se venden al menos seis mil kilos de carne de selva mensualmente. Buena parte procede de ungulados, como duikers, pequeños antílopes del género Cephalophus, pero también se llegaron a detectar extremidades e incluso cabezas de chimpancés y gorilas. Los resultados han sido publicados en varios medios científicos de prestigio, como la revista Nature.

Una pardela sombría marcada viaja más de setenta mil kilómetros
Una pardela sombría (Puffinus griseus) que fue dotada de marcaje electrónico a principios de 2005 en su colonia de cría de Nueva Zelanda ha recorrido una distancia superior a los sesenta mil kilómetros. El dato procede de un proyecto internacional de seguimiento de aves marinas que ha sido publicado recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Esta colosal distancia fue recorrida por el ave en el plazo de doscientos días, con el fin de alcanzar sus zonas de alimentación invernales desde las áreas donde se reproduce. Se movió por todo el océano Pacífico, pasando por lugares tan distantes entre sí como Japón, California y Alaska.

El mismo proyecto ha detectado pardelas sombrías que han recorrido más de novecientos kilómetros en un día o se han zambullido a casi setenta metros de profundidad para capturar sus presas.
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